
Cada octubre vuelve en las parroquias la misma oración: el Rosario. No es una campaña reciente ni una costumbre de un país: tiene fecha, documento y motivo.
El 7 de octubre la Iglesia celebra a Nuestra Señora del Rosario. La fiesta nació después de la batalla de Lepanto (1571): San Pío V, que había pedido rezar el Rosario por la cristiandad, instituyó una memoria de acción de gracias que poco después quedó con el nombre del Rosario.
Que el mes entero sea del Rosario se lo debemos a León XIII. En la encíclica Supremi apostolatus officio, del 1 de septiembre de 1883, dispuso que del 1 de octubre al 2 de noviembre se rezaran en las iglesias cinco decenas del Rosario con las letanías lauretanas, y pidió que el pueblo acudiera a esos ejercicios. La costumbre se quedó: desde entonces, octubre es el mes del Rosario.
El Rosario no es repetir por repetir: es mirar la vida de Cristo con los ojos y las palabras de su Madre.
Son veinte misterios en cuatro grupos —gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos— y cada día de la semana tiene los suyos. Si hoy no sabes cuáles tocan, están aquí, con su pasaje del Evangelio.
Cómo vivir este octubre
- Una decena diaria antes que cinco de vez en cuando. Lo que sostiene la costumbre es volver, no la hazaña del primer día.
- Reza los misterios del día. Cambian con la semana, y el domingo manda el tiempo litúrgico; no hay que pensarlo, sólo mirarlo.
- Apréndelo entero una vez. El orden completo, con todas las oraciones, cabe en una página: cómo rezar el Santo Rosario paso a paso.
- En familia, aunque sea corto. Una decena con los hijos enseña más que una explicación larga.
- Lleva la cuenta. Ver los días seguidos ayuda a no romper la racha en la segunda semana, que es cuando se rompe.
Octubre dura treinta y un días. No hace falta empezar el primero ni hacerlo perfecto: basta con empezar hoy y volver mañana.



